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Celos: cuando nos traiciona la mente

Celos: cuando nos traiciona la mente

Prácticamente todos hemos sentido celos en alguna ocasión. De hecho, son una respuesta normal y natural en el ser humano, de tal manera que desde los niños hasta los adultos, pasando incluso por algunas especies de animales los sienten. Pero hay una diferencia entre lo que son unos celos normales y aquellos que pasan a ser un problema y deben combatirse.

Los diferentes tipos de celos
Los celos pueden clasificarse en tres grupos. El primero de ellos es el de los celos retrospectivos, que son aquellos relacionados con personas del pasado de la pareja o con sus relaciones anteriores. El segundo grupo es el de los celos pasionales, que son también los que se dan de manera más habitual, y surgen cuando la persona siente amenazada su relación y piensa que puede perder a su pareja. Y el último grupo es el de los celos delirantes, que a pesar de darse en menor medida también surgen con frecuencia. Este último grupo engloba los celos que aparecen como resultado del abuso de drogas o alcohol, o cuando son producto de la demencia, la depresión o las ideas de tipo psicótico, lo que hace que la respuesta emocional sea consecuencia de un factor neurológico.

Cuándo se convierten en un problema
Trazar una línea entre lo que es algo normal y aquello que es un problema no es fácil, ya que cada persona es un mundo, cada pareja es diferente, las reglas no son las mismas en una relación que en otra, y es imposible establecer cómo debería ser una relación y qué límites no debería sobrepasar.

A pesar de ello, hay un indicador claro de que los celos empiezan a ser problemáticos, y es cuando uno de los miembros de la pareja nota que los celos afectan a su vida y no le dejan “hacer vida normal”. Tener que cambiar la actitud o el comportamiento es una señal de que hay algo que no va bien.

…y llegaron las redes sociales
El problema de los celos ha existido siempre, pero la llegada de las redes sociales y la manera en que se comparte en ellas la vida ha hecho que los celos evolucionen y, cual partida de un videojuego, “asciendan al siguiente nivel”. Se han llevado a cabo diferentes estudios que han demostrado que las redes sociales han aumentado el número de parejas que tienen crisis serias, e incluso han terminado en rupturas o divorcios, por los celos. De hecho, un popular refrán también ha evolucionado para adaptarse a las nuevas tecnologías: “Ojos que no ven, Facebook que te lo cuenta”.

Algunos de los motivos de estos celos y problemas de pareja es el tener en la lista de amigos de Facebook a personas que pueden “amenazar la relación”, comentarios o “Me gusta” en fotos, conversaciones de WhatsApp, o contacto con personas con las que se mantuvo una relación sentimental en el pasado.

Qué hacer para combatir los celos

  • Hablar con la otra persona. Mantener una buena comunicación es fundamental para que se tenga una relación de pareja sana. No hay que tener miedo a compartir nuestros sentimientos, y no dar por hecho algo sin haberlo preguntado o averiguado en una conversación.
    Tener empatía. Saber ponernos en el lugar de la otra persona es fundamental. Saber que nos investigan o “espían” es algo que no le gusta a nadie, y si no sólo queremos a nuestra pareja sino que la conocemos, debemos saber que su forma de actuar tiene un motivo. Debemos aceptar que no todas las personas se comportan de la misma manera.
  • Quien busca, encuentra. Si intentamos en todo momento encontrar una prueba que demuestre nuestros miedos acabará por aparecer, y no porque esa prueba exista sino porque nuestra predisposición nos llevará a considerar el detalle más insignificante como la prueba que estamos buscando con tanto ahínco. Disfrutar la relación en lugar de estar buscando errores es la clave para sentirse en paz.
  • Compromiso. Si un día tomamos la decisión de comenzar la relación con nuestra pareja, fue por varios motivos. Y tener una relación de pareja implica tener confianza y actuar de acuerdo a ello. Si la tentación de sospechar o preocuparnos es demasiado fuerte, es mejor distraerse y “liberar la mente” haciendo ejercicio, quedando con alguien, leyendo o viendo una película. Todo se ve mejor cuando se tiene la cabeza fría.
  • Respetar la privacidad del otro. En las relaciones más sanas, cada uno de los miembros de la pareja tiene su propio espacio personal que es respetado (incluyendo sus secretos). Todos tenemos algo que queremos guardar en la intimidad, sin que eso signifique que estemos ocultando algo.

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