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Niños caprichosos: Cómo son y cómo mejorar su conducta

Niños caprichosos: Cómo son y cómo mejorar su conducta

Cuando un niño empieza a exigir cosas de manera continua y desmedida, es la hora de empezar a establecer límites para evitar que las exigencias por caprichos sean habituales y puedan volverse mucho peores con el paso del tiempo.

Cómo saber si un niño es caprichoso
Los niños caprichosos comparten ciertos rasgos que permiten identificarlos.

  • Egocentrismo. En los niños puede ser habitual que sean algo egocéntricos, e incluso puede considerarse parte de su desarrollo. Pero es necesario saber si este rasgo se ha vuelto excesivo en el niño hasta el punto de no tener ningún interés hacia los demás.
  • Intolerancia a la frustración. Cuando algo no sale como quiere, un niño caprichoso puede montar un escándalo llorando, pataleando y gritando para tratar de salirse con la suya. Cualquier cosa con tal de lograr que los padres cedan.
  • Desprecio por sus propias cosas. Al resultarle fácil conseguir todo lo que quiere, el niño caprichoso deja de valorarlo y se vuelve poco agradecido y muy descuidado.
  • No estar contento con nada. Dos de las principales razones por las que un niño se vuelven caprichosos son o no tener suficiente atención por parte de sus padres o tener demasiada. Cualquiera de las dos provoca insatisfacción e infelicidad, por lo que hay que tratar de equilibrarlo.

Cómo mejorar la conducta del niño caprichoso

  • Poner límites. Esto es fundamental no sólo para solucionar lo que se escapa de nuestro control, sino para prevenir que esto suceda. Los padres deben, junto a su hijo, determinar las normas que se van a definir sobre ciertas cuestiones, normas que deben quedar claras desde el primer momento, siendo al mismo tiempo acordes y flexibles para el nivel de entendimiento y la edad del niño.
  • Tener la misma postura ante las situaciones. Esto lo deben hacer ambos padres, para lo cual es necesario que entre ellos haya una buena comunicación, unión, coordinación y apoyo mutuo.
  • Los abuelos y tíos suelen consentir más a los niños. Esto se puede dejar así, siempre que se le deje claro al niño que esto es algo excepcional y se le haga entender que no deben exigir que siempre sea así.
  • Prestar la atención adecuada al niño. Generalmente los padres no pueden pasar mucho tiempo con sus hijos, pero es fundamental tener tiempo para la convivencia y para darles un tiempo de calidad llevando a cabo actividades que favorezcan la buena comunicación familiar. Todos sabemos que la infancia es algo que se pasa volando.
  • Enseñarle el valor de las cosas. Hay que ayudar al niño a darle a las cosas el valor que tienen y a ser consciente del esfuerzo que nos ha supuesto dárselas, o bien requerirle un esfuerzo propio para “ganárselas”. Al principio no va a ser fácil y es posible que el niño lo pase mal en algún momento, pero antes o después se dará por vencido. Tiene que aprender que en la vida no se puede tener todo.

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