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El desarraigo y los problemas para adaptarse a un nuevo lugar

El desarraigo y los problemas para adaptarse a un nuevo lugar

Según el diccionario de la RAE, el desarraigo es la separación del entorno o lugar en el que uno se ha criado y ha crecido, un corte en los vínculos afectivos que las personas tienen con su lugar de origen.

Vivimos en una época en la que miles de personas se marchan lejos del lugar en que nacieron, y la sensación de desarraigo es más habitual que nunca. Todas las personas tienen necesidades, y esas necesidades les llevan en ocasiones a emigrar para buscar una mejor situación económica, un mejor desarrollo profesional, un lugar en el que criar a los hijos con tranquilidad y seguridad, o un bienestar familiar. Resumiendo, la búsqueda de un futuro mejor al que podrían aspirar en su tierra.

Todos estos aspectos influyen en la adaptación al lugar nuevo, y esta adaptación puede tardar un tiempo durante el cual pueden ser habituales los altibajos. Eso hace que no se deba olvidar la necesitad que llevó a irse a vivir a otro sitio.

El desarraigo suele ir acompañado de diferentes procesos de duelo por la cultura nueva, la comida diferente, los seres queridos que se han dejado lejos, las costumbres nuevas que se conocen y el idioma, pues a pesar de vivir en un país con la misma lengua las palabras y frases pueden tener un significado algo diferente al que siempre les hemos dado.

Lo fundamental es no pasar solo por esta sensación, no guardarla dentro, y dejarse acompañar durante este camino. Bien con personas del mismo país que residan allí, bien con lugareños que nos ayuden en la adaptación a las nuevas costumbres incluyéndonos en su círculo. Aunque lo recomendable es mezclar ambas cosas, no cerrar la puerta a ninguna. Y, por supuesto, el apoyo familiar y de nuestros seres queridos, que a pesar de encontrarse alejados geográficamente, nunca lo estarán emocionalmente. De hecho, esto último tiene una gran importancia cuando se vive en otro lugar lejano, ya que ayuda a no cortar con las propias raíces, por lo que trabajar este aspecto tiene una gran importancia.

Vivir en otro país u otra ciudad es una experiencia particular de cada uno. No hay dos casos iguales, ya que cada personalidad es diferente y mientras unos se marchan solos, otros lo hacen en familia. Pero en todos ellos es necesario ser consciente de las propias emociones y tener claro que si sabemos bien quiénes somos, qué queremos y que consideramos que es mejor para nuestra vida, no nos sentiremos tan solos.