Psicólogos en Fuenlabrada - Madrid

Primera sesión GRATIS. Resto 35 €. Estudiantes 30 €. 91 013 69 30 / 665 935 794 | psicologofuenla@gmail.com

Los celos infantiles

Los celos infantiles

Los primeros meses de la vida de un niño son el periodo en el que, al interactuar mucho con la madre, desarrollan lo que se conoce como “conducta de apego”, que se manifiesta en la necesidad de tenerla cerca para estimular su atención de manera táctil, visual y auditiva.

Esta conducta y esta necesidad de tener la atención de la madre puede ser la razón por la que se desarrollan los celos en los pequeños, que surgen a partir del año y medio de edad y pueden durar hasta los 7. Se calcula que el 50% de los niños en edad infantil tienen celos, y se dan más habitualmente en niños que en niñas.

En el ser humano son normales los celos, una respuesta ante la pérdida del amor o el temor a perderlo. Y en los niños, al igual que en muchos adultos, la aparición de los celos también está relacionada con su personalidad al haber niños con una tendencia mayor a sentirlos.

Lo importante es saber distinguir entre los celos de tipo normal y los que son patológicos, ya que si se alargan en el tiempo o se convierten en un problema crónico afectarán a su personalidad y podrían llevar a conductas agresivas, a sentir baja autoestima o inseguridad, y a tener problemas en sus relaciones interpersonales.

En relación a los celos infantiles se pueden diferenciar tres conceptos diferentes en sus características, aunque para muchas personas pueden parecer similares, que son los siguientes:

  • La rivalidad. Es un sentimiento que surge en ocasiones en los niños pero no suele mantenerse en el tiempo, sino que dependiendo de las etapas de la vida del niño puede variar.
  • La envidia. En ocasiones se confunde con los celos, cuando la primera es el deseo de tener aquello que tienen otros, y los segundos son el temor a perder el cariño de alguien.
  • La desconfianza. Este sentimiento es una defensa para poner límites y evitar ser dañado por los demás. Esto hace que no siempre la desconfianza sea negativa.

A pesar de lo mencionado en el último de los conceptos, la desconfianza sí llega a tener carácter negativo cuando resulta exagerada y excesiva, y eso es lo que da lugar a problemas emocionales que es necesario regular. Y al hacerlo no hay que olvidar lo que de nuevo repetimos, que puede protegernos ante posibles daños, por lo que no significa eliminar por completo la desconfianza.

Un niño que sabe confiar pero al mismo tiempo pone límites, es un niño que tendrá una mayor autoconfianza y autoestima, y será menos inmune a los celos.