El fútbol, ¿una terapia social colectiva?
Es probable que posamos decir sin miedo a equivocarnos que el fútbol es el deporte más seguido en todo el mundo. Y aunque no resuelva los problemas más importantes, sí puede considerarse como una terapia social. De hecho, hay casos en los que el fútbol puede llegar a levantar la autoestima de una sociedad.
Hay cinco ideas que analizan el enorme efecto que tiene no sólo el fútbol, que también son aplicables a otras disciplinas deportivas:
- Ser aficionado aporta pertenencia a una comunidad: El nuevo hincha pasa rápidamente a pertenecer a ese “club” (un equipo, una selección…). Así, con ser aficionado y compartirlo con otros fans ya se pertenece al grupo.
- La sensación de pertenencia a dicha comunidad otorga una identidad y aporta sensación de bienestar tanto al individuo como al grupo.
- Esa comunidad aporta al miembro un “idioma generacional común” (el abuelo, el nieto y los padres hablan el mismo lenguaje).
- Los hinchas, tanto el individuo como el grupo, tienen un espacio en el que expresar sus emociones.
- El aficionado o grupo de aficionados experimentan también el éxito de su equipo o selección, de manera que sienten que “hemos ganado” y también que “si ellos pueden, yo también puedo”.
La psicología de masas destaca el fútbol como un fenómeno con la capacidad de levantar la autoestima de un país y de dar forma a una especie de “alma colectiva” que permite seguir adelante a pesar de las adversidades.
Terapia social
La gente expresa sus emociones de manera permanente, y el fútbol tiene la capacidad de canalizar tanto sentimientos de alegría, felicidad y entusiasmo con las victorias como de desencanto y frustración cuando llega una derrota. Así, es una terapia social porque nos enseña a vivir los éxitos y los fracasos, y permite sentirlos y expresarlos.
Además, la alegría colectiva tiene un efecto favorecedor en nuestra salud emocional porque dinamiza nuestro cuerpo y nuestra mente, activando hormonas y neurotransmosires. Por eso nos sentimos más sanos tras llevarnos una alegría. Ese disfrute colectivo proporciona una oportunidad muy buena para mejorar nuestro ánimo, mientras que en las derrotas aprendemos a seguir adelante y manejar la frustración.
Así, se considera el fútbol como una metáfora de la vida con sus victorias y sus derrotas, cuya magia radica en que se puede superar el fracaso , de ahí pasar a tener expectativas, y a continuación soñar.
